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sábado, 14 de septiembre de 2013
Cofee
Y sigo aquí, sentada en esta cafetería sin nombre que un día fue la nuestra. Donde compartíamos todas nuestras mañanas, entre besos y café, entre susurros al oído de cuanto me querías, entre manos que permanecían siempre unidas y dedos que se acariciaban entre si. Donde celebrábamos que seguíamos junto un día mas, nuestro pequeño santuario. Donde nos besábamos a modo de despedida hasta que nos volviéramos a ver durante la noche entre las sabanas de un apartamento iluminado por la luz de la luna a través de aquella ventana a la que me negaba a ponerle cortina. Y ahora, aquí estoy sentada con un café frío entre las manos, con la mirada perdida en la multitud que pasa por las calles a través del cristal, de fondo suenan los acordes de alguna triste canción de una emisora cualquiera. Entonces caigo en la cuenta, nunca me había dado cuenta hasta ahora de la radio que llenaba este pequeño lugar con sus melodías, ni de las caras de cansancio de las camareras, ni de las sonrisas enmascaradas de las solitarias personas que esperan por sus cafés matutinos con prisas por si se les escapa el tren que les llevará a un día más de trabajo forzado. Y mis ojos se abren a la realidad del día a día, con sus idas y venidas, sus verdades y mentiras... Y me levanto, dejando atrás unas monedas y una que otra lágrima, y me dispongo a salir para no volver, porque este sitio sin él, no es más que otra absurda cafetería vacía, llena de recuerdos de momentos de felicidad que jamás se repetirán...
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