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viernes, 27 de septiembre de 2013

The little mermaid I


La hierva fresca hiva humedeciendo sus pies descalzos mientras caminaba con un rumbo fijo, el acantilado. Amaba ese sitio, solía ir a pasar días enteros leyendo un buen libro o simplemente pensando... Llegó rápido, conocía el camino como la palma de su mano.
Estaba como siempre, perfecto, enseguida le abrumo la brisa marina, despeinando su larga y oscura cabellera y llenándola del aroma a agua salada, con el ruido de las olas rompiendo unas contra otras metros más abajo y el de las gaviotas buscando algo que llevarse a la boca. Parecía que fuera ayer cuando su padre la trajo por primera vez, sentada sobre sus hombros y prometiéndole que este sería su lugar secreto, solo de ellos, donde escapaban de vez en cuando, cuando la presión era demasiada, y solo necesitaban un respiro, o tras veces cuanto compartían deliciosos picnics preparados por su madre, en los que comían más la gaviotas que ellos. Donde iban y hablaban de como les había ido la semana acompañados de alguna melodía del disco de vinilo que siempre traían. Hasta el día en que se fue y ella permaneció un su refugio por semanas, sin volver a casa, hasta que un día decidió abandonar el lugar que solo perteneció a ellos para nunca volver.
Hasta 5 años más tarde cuando descubrió una vieja caja con fotografías de ellos y vio lo mucho que añoraba su secreto lugar. El lugar donde ha gritado verdades y susurrado secretos al mar, donde ha cantado ha los cuatro vientos, y ha bailado hasta no sentir los pies. El lugar que ha visto y almacenado todas y cada una de sus lágrimas... El lugar donde ha contemplando anocheceres y pasado noches en vela contemplando las estrellas aprendiendo constelaciones, o viendo las tonalidades del amanecer con ayuda de grandes tazones de café, el lugar que la ha visto crecer...

                                                                Que ironia que sea el que la va ha ver desaparecer...


To be continued.

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