Adele corre, corre durante horas, sin un rumbo fijo, sin una meta o lugar a donde llegar. Corre sin descanso, huyendo, sabiendo que si para es posible que la atrapen. Hace un buen rato que dejo de sentir los pies, los que le sangran por las piedras incrustadas y son insensibles al frío invierno. Sus ropas no son mas que harapos llenas de arañazos causados por las ramas de los arboles que la rodean. Ramas que rasgan hasta llegar a la piel, dejando un recorrido de marcas imborrables en un futuro, que no harán mas que recordarle todo lo que ha pasado. Su rojo cabello se ha vuelto una maraña de enredos y hojas secas. El aire le corta la cara de porcelana llena de pecas a modo de pequeñas perlas oscuras colocadas meticulosamente. Sus grandes ojos verdes están hinchados y rojos, pero no húmedos nunca mas. Pues de eso huye, de las lágrimas, del sufrimiento... del dolor. Frena de golpe. Le falta el aire, sus pulmones no responden, sus fuerzas se agotan, necesita parar. Así que para, respira, recupera toda fuerza posible y es entonces cuando se da cuenta, ha escapado, lo ha hecho, lo ha logrado, es libre, al fin, es libre. Grita, ríe salta, ya nada importa, ni que le sangren los pies y casi cada centímetro de su cuerpo, ni que no tenga ni un céntimo y tenga que empezar de cero no que haya roto su promesa de no volver ha llorar, pues esta vez es de pura felicidad. Lo ha logrado, nada importa ya. Porque es fuerte, muy fuerte, y sabe que si ha logrado escapar de lo que ahora será su pasado, podrá escribir su futuro.
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sábado, 5 de enero de 2013
Free,free,free...
Adele corre, corre durante horas, sin un rumbo fijo, sin una meta o lugar a donde llegar. Corre sin descanso, huyendo, sabiendo que si para es posible que la atrapen. Hace un buen rato que dejo de sentir los pies, los que le sangran por las piedras incrustadas y son insensibles al frío invierno. Sus ropas no son mas que harapos llenas de arañazos causados por las ramas de los arboles que la rodean. Ramas que rasgan hasta llegar a la piel, dejando un recorrido de marcas imborrables en un futuro, que no harán mas que recordarle todo lo que ha pasado. Su rojo cabello se ha vuelto una maraña de enredos y hojas secas. El aire le corta la cara de porcelana llena de pecas a modo de pequeñas perlas oscuras colocadas meticulosamente. Sus grandes ojos verdes están hinchados y rojos, pero no húmedos nunca mas. Pues de eso huye, de las lágrimas, del sufrimiento... del dolor. Frena de golpe. Le falta el aire, sus pulmones no responden, sus fuerzas se agotan, necesita parar. Así que para, respira, recupera toda fuerza posible y es entonces cuando se da cuenta, ha escapado, lo ha hecho, lo ha logrado, es libre, al fin, es libre. Grita, ríe salta, ya nada importa, ni que le sangren los pies y casi cada centímetro de su cuerpo, ni que no tenga ni un céntimo y tenga que empezar de cero no que haya roto su promesa de no volver ha llorar, pues esta vez es de pura felicidad. Lo ha logrado, nada importa ya. Porque es fuerte, muy fuerte, y sabe que si ha logrado escapar de lo que ahora será su pasado, podrá escribir su futuro.
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